EL
ESPACIO PÚBLICO Y EL AMBULANTAJE
Los vendedores
ambulantes no solo representan el gran porcentaje de trabajo informal
colombiano si no la realidad propia de un país que ha ido perdiendo el rumbo
hacia el desarrollo, estos han venido formando parte importante del comercio en
las calles, en gran porcentaje se observan en las vías públicas ya que
económicamente es su mejor opción, pues
sin lugar a dudas la interacción con el usuario es esencial en la facilitación
del acceso del producto por parte del consumidor adquiriéndolo así de una forma más económica
y módica , ahora bien para el desarrollo
del presente trabajo nos hemos enfocado en el análisis exhaustivo mediante unas
minuciosas entrevista.
Platicando con el señor
vendedor ambulante Álvaro José Ramírez, el nos expone de una situación que
podríamos denominar como difícil, pues el papel que han jugado todo tipo de
personas que afectan no solo al consumidor, sino a los circundantes, han hecho
que los venderos, tengan una mala fama, pues estos individuos se disfrazan de
vendedores que cuyo objetivo es solo el hurto, y por lo tanto se han
generalizado más aún con la ayuda de los medios masivos.
No podemos olvidar que
estos comerciantes que forman parte de una vida cotidiana satisfacen las
necesidades y contribuyen a una economía informal. Es decir, todos los
trabajadores rurales como urbanos que gozan de un salario constante y
suficiente, así como todos los trabajadores a cuenta propia excepto los
técnicos y los profesionales forman parte de la economía formal.
“En Ibagué
específicamente la plaza de la veintiuna, el espacio público se debe respetar”,
así se refiere el entrevistado; el funcionario Diego Alejandro Bermúdez, nos
explica que el fin de su trabajo es contribuir a la circulación libremente en
calles, veredas, plazas y transporte público.
Por lo tanto para él no es propio el bloqueo del espacio de todo orden
en las vías para así realizar la construcción de una nueva cultura que garantice a la sociedad una buena convivencia ciudadana.
El espacio público generalmente se ocupa en lo socio-cultural. Esto
se refiere a un lugar de relación y de identificación en contacto entre la
gente, a veces de expresión oral y
verbal con la ciudadanía. Dicha ocupación independiente o en compañías que se
ejercen en la ciudad desarrollan distintos comportamientos de la gente cautivando
a los consumidores y el personal del espacio público, ya que
involucra los derechos como lo planteaba
el funcionario entrevistado “derechos como tenemos todos, primero
derecho a la igualdad, derecho al respeto, a una convivencia sana y derecho al
trabajo” pero sin embargo como vendedor
ambulante tiene que acatar normas para el beneficio de la ciudadanía luego que
muchos de estos comerciantes no cumplen
e invaden el espacio peatonal obstruyendo las vías públicas que ocasiona muchas
veces conflictos entre la sociedad.
Conocimos también a
través de esta dinámica de las entrevistas
el señor Jaime Ortiz; cuyo caso nos pareció peculiar y
sobresaliente. Él es un campesino que vivía de la siembra en una pequeña
parcela del Tolima, ya que por la
presión de las fuerzas armadas revolucionarias de Colombia (FARC) tuvieron que
desalojar la tierra, viéndose obligado a emigrar a la ciudad. Hoy en día se encuentra en la calle veintiuna vendiendo
artículos para obtener líchigo palabra usual que estos utilizan para llamar al
sustento diario que requieren.
Al igual Nubia Méndez una
de las tantas mujeres que no se le ha presentado la oportunidad de trabajar en un establecimiento o empresa
por una discapacidad visual, sometiéndose al acucioso trabajo de vendedora
ambulante, sobrellevando largamente jornadas de tiempo, generalmente soportando
actividades que sobrepasan las diez horas y
lo único que poseen para protegerse y cuidar de sus puestos son plásticos
viejos y deteriorados. Que Cuando llueve les toca extender la jornada para
completar el diario y muchas veces correr para resguardar sus productos, pues
son asediados por la policía y agentes de la alcaldía.
Al hablar del
deterioro de los espacios públicos incluiremos los espacios cerrados y abiertos
ya que en ambos existe un libre acceso y son en beneficio de la sociedad. Las
megas ciudades y las pequeñas como Ibagué se convierten cada vez más en
conjuntos desarticulados, segregados, provistos de dispositivos de cierre a
menudo agresivos por los que el transeúnte no puede pasar.
Se argumenta que la
recuperación de estos espacios permite que estos sean espacios a menudo mono
funcionales, relativamente homogéneos en cuanto a su función y, sobre todo,
seguros en la medida en que en ellos quedan eliminados muchos de los riesgos
típicos de las plazas y calles abiertas. Estas últimas se convierten cada vez
más en una vía de tránsito exclusivamente automovilístico. Al hablar de pérdida
o de crisis del espacio público, nos referimos a la crisis de la ciudad moderna
como forma histórica ligada a un tipo específico de sociedad, la sociedad
industrial del siglo XX.
En la sociedad posindustrial
en la que vivimos, la pobreza creciente se considera como un elemento
inevitable del paisaje social, el Estado benefactor cede el paso a la
iniciativa privada, lo que antes era público ahora ya no lo es en la misma
medida: cada vez se presenta como algo disponible no en la medida que se tenga
derecho a él sino en la medida en que se pueda comprar y consumir.
La privatización de
lo público convierte el acceso a la ciudad, en la capacidad de usarla y
disfrutarla, en una posibilidad cada vez más condicionada a la disposición del
suficiente poder adquisitivo para consumir la ciudad, dentro de espacios que se
definen por ser excluyentes y cerrados.
Una de las mayores
causas de la informalidad son la falta de empleo esta crisis abarcada por la
ciudad de Ibagué son el reflejo de medidas muy mal encaminadas. Si bien las
cifras del departamento administrativo nacional de estadística manifiestan una disminución del desempleo en la ciudad, habría
que hablar de los factores a lo que conllevaron esto, la primera de estas
causan son la migración de capital humano a otras ciudades, cuyo principal
destino es la capital, la segunda es que la informalidad alcanza el 75% de los
ocupados en Colombia, y la tercera y no menos importante es que la creación de
empresa en la ciudad es casi nula solo el 5% de empleados formales tienen su
propia empresa, son factores importantes para el estudio de la legalidad del
ambulantaje, pues porque si bien se viola el derecho de la libre movilidad, las
causas en la mayoría de casos lo amerita.
Lastimosamente las
políticas públicas del estado y de los municipios se limitan a la persecución
del ambulante y no del mal del desempleo; si bien se ofrecen sitios de trabajo no
son adecuados desde el punto de vista económico. La solución es clara y
fundamental la implementación de políticas que afloren la industria y la
socialización y capacitación del empleado. Hay que recordar que el respeto
mutuo representa el grado de sociedad de un país y si bien los vendedores personifican la realidad del
país, el estado debe respetar a todo ciudadano y más cuando las condiciones en
que se vive son culpa de estos y del mal desarrollo social.
AUTORAS: ANIMERO SERRANO DANIELA ALEXANDRA, CANO MARTÍNEZ
LEIDY JOHANA, ORTIZ LAMPREA ANA MARÍAVARGAS VARGAS ASTRID LILIANA
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